La Hispanidad

Viernes 10 de Octubre, 2025

“Pero ustedes son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, destinado a anunciar las alabanzas de Aquel que los ha llamado de las tinieblas a su admirable luz; ustedes, que si en un tiempo no fueron pueblo, ahora son Pueblo de Dios” (1Pe 2, 9-10ª).

Comentario Editorial, octubre 2025.

La Santísima Virgen María, antes de partir de este mundo, en torno al año 40, se aparece, en la actual ciudad de Zaragoza, al Apóstol Santiago, confortándolo y animándolo en su labor apostólica. Es la primera aparición mariana y coloca las raíces de la piedad cristiana en la península Ibérica. La memoria litúrgica, 12 de octubre, de la Virgen del Pilar, nos sirve para acercarnos al legado religioso de España en nuestro continente.

La llegada de Cólon a América, y todo el proceso que medió hasta nuestros días, está marcado por un gran número de elementos que despiertan valoraciones encontradas para muchos. Pero, es indiscutible para los que somos Cristianos, que este fue el medio del cual Dios se valió para implantar la Fe en Jesucristo en América. Esto reviste un valor fundamental, debido a que “sin Fe es imposible agradar a Dios” (Hb 11, 6). Y “¿cómo invocaremos a Aquel en quien no hemos creído? ¿cómo creeremos en Aquel de quien no hemos oído hablar? ¿cómo oiremos sin que se nos predique?” (Rm 10, 14). La Fe que nos fue transmitida, no es sólo palabras predicadas, es también testimonio vivido. Los habitantes de esta América oímos hablar de Cristo y vimos testimonios creíbles. Es lo que vió San Juan Diego en México; Santa Mariana de Jesús Paredes en Ecuador; Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres en Perú; San José Gabriel Brochero en Argentina; es lo que oyeron y vieron Teresita de los Andes, Alberto Hurtado, Ceferino Namuncura y Laurita Vicuña.

A eso se refiere el Apóstol San Pedro cuando enumera las características de aquellos que renacen del agua y del Espíritu (Jn 3, 5 el Bautismo). Son un linaje (una Raza) escogido, un Sacerdocio Real, una Nación Santa, un Pueblo adquirido. La Fe Cristiana que nos fue transmitida, exige de nosotros llevar a la práctica esta descripción. Ser capaces de no ver más raza, que la Raza de los Hijos de Dios, donde compartimos la misma dignidad. Dignidad que nos es dada por Dios y que no depende de ningún otro factor. Debemos aquilatar el peso de ser Sacerdocio Real. Sacerdotes (por el Bautismo) que debemos ofrecer los sacrificios que Dios espera de nosotros. Sacrificios espirituales que se materializan en obras (1Pe 2,5). Es nuestra tarea construir esa Nación Santa, una nación sin fronteras, ya que en este mundo somos todos peregrinos en camino a la Patria Eterna. Somos un Pueblo adquirido, el Pueblo de Dios, el Pueblo que Dios escogió cuando llamó, hace muchísimos siglos, a Abraham, y lo hizo salir de su tierra e hizo con él Alianza (Gn 12, 1). Ese Pueblo es la humanidad entera, renacida en la Sangre de Cristo. Y, gracias a Dios, una parte importante de ese pueblo es la América Hispana, heredera de la Fe y de tradiciones, que en preciosa mixtura con muchas tradiciones indígenas, ha configurado la identidad de un continente que espera en las promesas del Señor.


Avda. Los Leones N° 73 - Providencia - Santiago de Chile

Fonos: 22231 0870 - 22231 0872

secretaria@obispadocastrensechile.cl