Acompañados por el General Director, carabineros de la Escuela de Suboficiales, que han prestado servicios durante la contingencia en la Región del Biobío, participan en la Eucaristía como parte del constante apoyo espiritual.
La Santísima Virgen del Carmen es invocada en nuestra Patria como Madre y Reina de Chile, Patrona y Generala Jurada de las Fuerzas Armadas y Carabineros. Títulos que son fruto del reconocimiento especial de la protección de la Madre de Dios a lo largo de nuestra historia.
La Virgen del Carmen en la Historia de Chile
Dada esta confianza y amor especial del pueblo chileno por la Virgen del Carmen, es que comienza a ser invocada en los escenarios más importantes de nuestra historia. Invocación que es reconocida y admirada en diversas expresiones hacia la Madre del Salvador. De manera especial, en la lucha por la Independencia Nacional es donde se pide su maternal intercesión, lo que comienza a consolidarse gradualmente. Después del Desastre de Rancagua, el año 1814, se restablece el poder español y los patriotas emigran a Mendoza, donde se reorganiza el Ejército Libertador de Los Andes. En este lugar y en el año 1817, el General José de San Martín junto al General Bernardo O’Higgins escogen a la Virgen del Carmen como su Patrona, jurándole fidelidad los oficiales y toda la tropa. Así, los patriotas, llenos de coraje invocaron a su Patrona en la travesía de Los Andes y en la Batalla de Chacabuco, logrando la victoria el 12 de febrero de 1817. Pero aún faltaba un último esfuerzo para que se concretara todo. Por esta razón, el pueblo entero junto a las autoridades civiles, religiosas y militares, se reunió el sábado 14 de marzo de 1818 en la Catedral de Santiago. Ahí hicieron el siguiente juramento: “En el mismo sitio donde se dé la batalla y se obtenga la victoria, se levantará un Santuario a la Virgen del Carmen, Patrona y Generala de los Ejércitos de Chile, y los cimientos serán colocados por los mismos magistrados que formulan este voto y en el mismo lugar de su misericordia, que será el de su gloria” (Archivo O’Higgins Tomo X, pág. 380). Lo cual se logró con la Batalla de Maipú el 05 de abril de 1818, lugar donde el General Bernardo O’Higgins, “con sus propias manos”, puso la primera piedra del que sería el Templo Votivo de Maipú, actualmente Santuario Nacional y Basílica del Carmen. En la Guerra del Pacífico, entre varios testimonios, se encuentra el del Capellán Ruperto Marchant Pereira, quien como testigo ocultar de los hechos nos describe lo ocurrido en el Combate de Dolores el 19 de noviembre de 1879: “Al ver llegar a escape a nuestro valiente General en Jefe llevando el estandarte de la Virgen del Carmen, al verle lanzarse al medio de la refriega, y contemplar cómo, casi al punto, principia a amainar el fuego infernal de la infantería enemiga… uno no puede menos de recordar aquellas grandes batallas en donde los enemigos del pueblo de Israel… se deshacían y desvanecían como la hojarasca que arremolina el viento”. (Testimonios de un Capellán Castrense en la Guerra del Pacífico. Editores Paz Larraín Mira y Monseñor Joaquín Matte Varas, pág. 95, Centro de Estudios Bicentenarios, 2004).
Significado del Escapulario
El Escapulario es uno de los signos y devociones más populares de consagración a la Virgen del Carmen. Al mismo tiempo, es un sacramental de la Iglesia, es decir, un objeto religioso que la Iglesia ha aprobado como signo que nos ayuda a vivir cristianamente y a aumentar nuestra devoción. La palabra Escapulario viene del latín “scapulae” que significa “hombros”. Originalmente era un vestido superpuesto que caía sobre los hombros y lo llevaban los monjes durante el trabajo. En el tiempo presente expresa más ampliamente la dedicación especial a la Santísima Virgen y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.
Su origen
El origen del Escapulario lo encontramos en un santoral del siglo XIV, donde se dice que el 16 de julio de 1251, se apareció la Santísima Virgen del Carmen a san Simón Stock, Superior General de los Padres Carmelitas que se encontraba en el convento de Cambridge, en Inglaterra. La Virgen del Carmen se le apareció acompañada con una multitud de ángeles llevando en sus manos el Escapulario. Ella le hizo entrega del Escapulario y le dijo:
“Recibe hijo mío, este Escapulario de tu orden, que será de hoy en adelante, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los que lo vistan. Quien muriese con el, no padecerá el fuego eterno. Es una señal de salvación, amparo en los peligros del cuerpo y pacto sempiterno”.
Así nace este signo de protección de la Madre de Dios a todas las personas que le manifiesten su amor y consagren sus vidas con sinceridad en busca de la santidad. Es un signo que nos une a María Santísima y que nos compromete a imitarla en el seguimiento de Jesús, en cumplir los mandamientos y llevar una vida coherente con el Evangelio.
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